lunes, 16 de diciembre de 2013

"Sentencio lo nuestro, diciendo que el fallo más grande pasó por guardar solamente los días más gratos, y olvidar los demás"

Tal vez, ¿has pensado en renunciar?
TÚ aún no.
Tal vez, ¿te conseguiste equilibrar?
TÚ aún no.

Hada helada en vuelo inerte, tú nunca cambiarás.

N=2

 "Es muy difícil conformarse con lo bueno cuando piensas que has tenido lo mejor"

Y lo cierto es que si consigues que una sola persona en el mundo piense esto de ti, algo estás haciendo bien, y por lo tanto, quien no lo sabe ver, lo está haciendo muy, pero que muy mal. 

Y aunque ya aterrizados, seguimos caminando por el asfalto.

De las que ya no quedan.

Soy una romántica.

1836.




Vamos a equivocarnos.

El ser humano, capaz de ponerse 8 alarmas para despertarse un lunes, ¿cómo no va a cometer el mismo error dos veces en toda su vida?

O tres.

O...

lunes, 30 de septiembre de 2013

Sobre-dos-is

Con la misma responsabilidad que llevabas de pequeño la taza del desayuno por el pasillo: "que no se me caiga, que no se me caiga..."
Igual. Llevas algo tan frágil entre las manos, con tanto cuidado de que no se te caiga, de que no sufra ningún daño de nada ni nadie, que, sin darte cuenta, él, el corazón, está robando toda tu atención; no te deja ver más allá de él mismo, ese pasillo sin fín.

Te estás quedando ciego, pequeño.

Octubre.

Te has pasado tanto tiempo pensando que eras tú quien elegía morir súbitamente en recuerdos efímeros, que ahora no hay forma de recomponer el puzzle, has perdido la tapa de la caja, la imagen original. Ya no sabes ni cómo era, ni siquiera lo que era, ni si era. 


Y ahora vas moribundo, recogiendo pedazos, buscando abrazos.

lunes, 2 de septiembre de 2013

31

La noche en la que se acababa el mundo no nos pilló bailando, o al menos no gastábamos las suelas de los zapatos en ninguna pista. Hacía un rato que había parado la música, no quedaba nada ni nadie, solo trozos rotos de serpentina, copas sin acabar y ganas olvidadas, sobre todo ganas.
Ahí estaba, mirando al techo buscando algún monstruo para poderme esconder, sin fijarme en ti, a escasos cinco centímetros de mí. Las tormentas arrasarían con todo, dentro y fuera de las cuatro paredes que nos rodeaban. Doble ventana; sin embargo el frío seguía atravesándolas, atravesándonos; raro, porque estaba abraza a ti y aun así seguía congelada.
La noche en la que se acababa el mundo me desperté varias veces, me gritabas sin hacer ruido, casi sin rozarme. Ahí estabas tú. Seguías, a mi pesar. “Míranos, cómo nos gusta perder el tiempo, incluso cuando se está acabando, ya ni podemos inventarlo, ni recordamos cómo pararlo, ni siquiera sabemos si todavía podemos hacerlo”.

Tú también mirabas al techo, parecía que en medio de la oscuridad era lo único claro… Éramos tan indiferentes, que la noche en que se acababa el mundo, nosotros sucumbíamos al mismo tiempo, sin darnos cuenta.