miércoles, 13 de junio de 2012

Verdad verdadera

La desconfianza en nosotros mismos acabará por destruirnos de la manera más inesperada. Siempre estaremos dispuestos a echarle la culpa a los demás, cuando los ciegos somos nosotros. Quiérete, que nadie más va a hacerlo tanto como tú. No merecemos estar vacíos por rodearnos de gente que sí lo está, y menos, sentirnos responsables de ello.

La teoría ya está dicha, solo tenemos que llevarlo a la práctica.

jueves, 31 de mayo de 2012

martes, 22 de mayo de 2012

Comparte mi infierno


Rímel. Pintalabios. Unos tacones demasiado altos para bajar al infierno esta noche.

Hielo. Ron. Hacemos la cuenta atrás contando los grados de alcohol. 38, 20, 7…Cero.

La música empieza a perforar mi cabeza, y las eses que dibujan mis pies me abren paso al hueco de siempre. Me acuerdo de ti como cada noche, cuando puedo evadirme y fingir que te busco sin querer. Echo un vistazo. Mi demonio no está esta noche. No estás.

Unos ojos llevan siguiéndome desde que he entrado. Podría girarme y mirarle. Podría cruzar una mirada con él y que se acercara. Había que matar el tiempo de esa noche vacía.

Baila detrás de mí, me lleva contra la puerta de ese baño sin pestillo en busca de algún veneno. Solo iba a encontrar unos labios demasiado mentirosos, y una mirada fría que evitar. No sabría mi nombre, mi teléfono. Me doy a conocer entre flash y flash de luces de colores de este tugurio, mientras se preocupa de que no me escape entre calada y calada. Me busca, me dejo encontrar, pero yo no le busco a él. Yo solo quiero mi demonio. Parece que lo que nos devora por dentro es lo que más nos llena. Una pena, parecía mono. Nos cansamos de aquello por lo que no tenemos que luchar. “Capricho” es como te voy a llamar –pensé- . 
Probablemente no recuerde tu nombre cuando acabe la noche.
Paradójicamente, nos gusta aquello que no podemos tener, para llenarnos la vida de retos y hacerla más interesante; y a él, había sido demasiado fácil conseguirle. Le doy un poco de mí, lo suficiente para no matarle. No me iba a querer soltar.
Le dejo que siga recorriendo mi cuello mientras pierdo mi mirada en los azulejos, en ese espejo lleno de gotas veo cómo se corre mi rímel. Demasiado calor. De momento solo viene de él. ¿Dónde estás cuando más te necesito? Le imagino con tu forma endemoniada, son tus ojos los que me harían arder a mí. Me muerde el labio, va por buen camino.
Tira el cigarro. Parece que va a necesitar las dos manos. Sus manos debajo de mi camiseta sudada no iban a encontrar mariposas por mi tripa, sólo algún capullo que algún día dejaré volar, pero hasta entonces, hoy te sigo buscando, capullo…

El día que te cruces en mi camino… Vamos a crear otro universo. Vamos a hacer que los domingos dejen de saber a despedida y sean especiales, sin notar como duele al llegar al lunes: estaré tan ocupada poniéndote la piel de gallina… Me arrancarás la piel, mientras yo te ayudo a afilarte las uñas. Te cogería de la mano hacia el infierno, para que me dieses calor hasta que me quemases como solo tú sabes hacerlo. 
Consúmeme y luego, te dejaré mis recuerdos en ceniza, esa de la que tanta gente habla, que siempre queda.
Hazme acumular errores, hasta que el contador tenga que volver a empezar de 0. Quiero equivocarme, no hacer lo correcto y saborear cada fallo, que todos sepan a ti. 

A ninguno de los dos nos gustan las cuerdas, de esas que atan. Nos buscamos siendo locos, que de cuerdas y cordura no entendemos nada. Dame momentos por vivir, que se me están acabando, y el día que mueran, tú te vas a desvanecer con ellos.

Quizás solo nacemos para morir en el momento adecuado. Ir al cielo no iba a ser tan tentador, tan irresistible.

Tú también buscas alguien con quien compartir infiernos, para qué nos vamos a engañar. 




jueves, 19 de abril de 2012

Te sigo.

Te sigo, espero. Sé
que cuando no te miren
túneles ni luceros,
cuando se crea el mundo
que ya sabe quién eres
y diga: «Sí, ya sé»,
tú te desatarás,
con los brazos en alto
por detrás de tu pelo,
la lazada, mirándome.
Sin ruido de cristal
se caerá por el suelo,
ingrávida careta
inútil ya, la risa.


                                   Pedro Salinas.

sábado, 14 de abril de 2012

La realidad es para los novatos



[...]
Tenía los pies fríos. Me desperté.
Lo poco que quedaba de sábana se enredaba entre sus piernas y las mías.
Aún no había amanecido, o al menos eso parecía confesar la falsa luz entre las cortinas.

– Increíble – pensé.
Su brazo seguía siendo lo único que abrazaba mi piel, y ahí estaba yo, a escasos centímetros de él escuchando su respiración mientra dormía.
Me di la vuelta para volver a dormirme. Le desperté.
Sus pulsaciones se clavaron en mi espalda y sus manos se entretenían buscando mi ombligo.
– Qué bien hueles... – dijo mientras me besaba la nuca.
Después de una noche de alcohol, humo y sudor, toda mi colonia había desaparecido...
– Me encantas.

Me volvió a girar.
Nuestras miradas se cruzaban a través la oscuridad cuando el silencio lo invadió todo.
Deslizaba sus dedos por mi espalda, dejándome gritos de sus ganas. Me acercó aún más.
Jugaba con mis pestañas, bajando hasta mi boca rozando el arco de cupido hasta mi barbilla. Milímetros para juntarse del todo.
– ¿Sabes lo raro que es esto, no? – susurré.
– Lo sé mejor que tú. Ni lo pienses.

Y se encendieron luces con sus besos, saltaron chispas con sus dedos, y no acabó, se detuvo el tiempo. Mis piernas le atrapaban y competíamos por el latido más fuerte. Su pecho contra el mío, tan firme, como si el mundo se acabara en ese instante; y cuando mi respiración se agotaba, me prestaba la suya en cada embestida.

Ni un solo poro de mi piel se iba a cansar de observarle en la oscuridad.

La luz empezaba a agujerear las gotas que corrían por el cristal empañado por el calor. En el fondo lo único que quería, era verle amanecer.


domingo, 11 de marzo de 2012

Rutinas



Cuando se despertó, no recordaba nada de la noche anterior. 
A ratos intenta levantar los párpados. No consigue ver nada definido. La luz de farolas que se desliza por las persianas le ciega. Tiene sed. Otro trago.
Un amor, dos susurros, tres engaños, cuatro rotos, cinco decepciones, seis silencios, siete caladas, ocho botellas para olvidar toda una vida.
Así día tras día, noche tras noche, sin apenas recordar los últimos minutos.
Pasa la vida dejando que alguien mueva sus hilos, cortándolos, haciendo nudos asfixiantes. Escondido tras humos de colores, gotas que recorren cristales… 
Volverse a dormir, despertar, dejar de recordar...



99 palabras vacías...

Cuando se despertó, no recordaba nada de la noche anterior. 
Un nuevo olor, nueva piel, nuevas cortinas que dejaban pasar la luz de un nuevo día.
Una vez más, ella busca la caducidad, no tener memoria. Probar una primera vez infinita. La primera vez que sus piernas la abrazaban, que sus sábanas le envolvían, que amanecía cuando aún la noche no había acabado. La búsqueda inagotable de alguien a quien contarle con sus uñas la fuerza de sus latidos cuando la tocaba. Jugar a confundir respiraciones, alientos, pulsaciones, deseos...
Una vez más, buscando momentos efímeros, para así, no recordar.